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Written by DanielaZavala. Posted in Blog, Read The Backpacker

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Published on February 25, 2015 with No Comments

Anoche vi el documental nominado al Oscar “Virunga” (www.virungamovie.com) y no podía contener las lágrimas porque me hizo recordar uno de los momentos más extraordinarios de mi vida: encontrarme cara a cara con los gorilas de montaña.

Este film es una combinación perfecta de periodismo de investigación y arte de la cinematográfico.

Te preguntaras: “Con tanto pasando en el mundo¿por qué es tan importante proteger a los gorilas?”

“Virunga” abrirá tus ojos a una realidad que posiblemente desconoces.

Ve el trailer aquí.

Aquí te comparto además mi experiencia con los gorilas en 2010:

En las profundidades de los densos bosques de África Central habita una de las especies de primates más amenazadas del mundo: el gorila beringei o gorila de montaña. La caza furtiva, la destrucción de su hogar y los conflictos armados en las áreas donde habitan han puesto en peligro al más grande primate.

La existencia de esta especie de gorila no era conocida sino hasta principios del siglo 20. Actualmente quedan en el planeta unos 700 gorilas de montañas, los cuales viven en parques nacionales ubicados entre Uganda, Rwanda y la República Democrática del Congo. Más la mitad de la población de gorilas de montañas (unos 340) habita en el Parque Nacional Impenetrable de Bwindi, en el sudoeste de Uganda.

En Uganda, el programa de conservación y turismo enfocado a la visita a los gorilas comenzó en 1993, y se ha convertido en el pilar de la economía de este país, así como también una herramienta clave para la protección de esta especie en extinción. Según el último censo del World Wildlife Fund, la población de estos grandes primates ha crecido en la última década un 10% en el Parque Nacional de Bwindi.

Asimismo, las comunidades locales que comparten el hábitat con el gorila de montaña se han beneficiado tremendamente de los ingresos que ha traído el turismo a Uganda, y la principal atracción para visitar esta nación africana es precisamente el encuentro cara a cara con el espalda planteada.

“Los gorilas son importantes porque han ayudado a la economía de Uganda, y nos ha traído trabajo. También nos permite conocer gente de otros países,” comenta David cuyo apellido de asesino en serie “Bone on the Road” (Hueso en el Camino) contrasta con la calidez de su voz y su perenne sonrisa.

Este joven de tan sólo 24 años es guía en las expediciones de gorilas del Parque Nacional Bwindi. Nació y se crió en Buhoma, la comunidad aledaña al parque, donde ha sido testigo de los beneficios que ha traído el turismo a su pueblo y a su gente.

David es el responsable de llevarme al encuentro con los gorilas.

Antes de partir, un representante de la Autoridad de Conservación de Uganda informa a todos los visitantes de las estrictas reglas a seguir ante la presencia de estos primates. La más importante es mantener una distancia de siete metros de los gorilas. Los humanos y los gorilas son 98.4% genéticamente iguales, lo que los hace vulnerables a las enfermedades humanas, sin embargo no han desarrollado las inmunidades para resistir nuestras infecciones. Por lo tanto, un visitante que muestre señales de gripe u otra enfermedad infecciosa no se le permite ir en la expedición y se le reintegra los 500 dólares pagados por el permiso para visitar a los gorilas.

Además, ante la presencia de los gorilas, no se puede beber, comer, hablar en voz alta, hacer movimientos bruscos o correr.

Todos los que vienen a Bwindi sueñan con ver a un espalda plateada, pero estos hermosos animales ambulan libres en un vasto bosque, por lo que no hay la garantía de un encuentro seguro con los gorilas.

“Esta excursión consisten en seguir la huella de los gorilas. Van a comenzar la caminata a partir del último punto donde fueron vistos los gorilas ayer y van a seguirlos hasta encontrarlos. Tengo 20 años aquí y nadie les puede decir cuánto durará la excursión. Puede tomar una hora, cuatro horas o todo el día,” advierte Sunday, el representante de La Autoridad de Conservación de Uganda.

En Bwindi, hay 30 grupos de gorilas, pero sólo siete están habituados a los humanos. Los visitantes son divididos en grupos de ocho personas (el máximo número permitido) y son asignados a diferentes familias de gorilas.

A mí me toca la familia Mubare y en mi grupo estoy yo sola.

“Eres muy afortunada de que te haya tocado ir sola con los gorilas. Pero además, esta familia, los Mubares, fue el primer grupo de gorilas en ser habituados a los humanos en Uganda, y acaban de tener un bebe. Tiene un mes,” dice David Bone on the Road.

Además de David, en esta aventura en la búsqueda de gorilas nos acompaña un equipo de expertos: Zion, un joven y delgado ugandés de ojos saltones que va de ayudante, y dos vigilantes del parque que están armados con rifles rusos.

Con radio en la mano, David está en constante comunicación con otros dos guardabosques que van delante de nosotros siguiendo la pista de los Mubare, y quienes nos dan las coordenadas de qué ruta seguir.

“Los gorilas están arriba, en la cima de la montaña. Tenemos que llegar allá,” dice David mientras caminamos por unas plantaciones de banana y apunta al tope de una montaña cubierta de densa vegetación.

A medida que nos adentramos al bosque, me doy cuenta el por qué del adjetivo “impenetrable” de parque Bwindi.

En el corazón de este parque nacional no un camino marcado. Aquí reina el mundo salvaje. La vegetación es densa y lo único que nos permite adentrarnos a ella es un guarda bosques con machete en mano que comienza a abrirnos el paso.

Hay lugares donde ni siquiera el maquete es una opción. Una muralla cubierta de plantas y barro se impone ante nosotros, pero es la única ruta para llegar a la cima de la montaña donde están los gorilas, obligándonos a escalar y a usar piernas, brazos, ramas, rocas, troncos y todo lo que este al alcance de la mano para impulsarnos hacia arriba.

Mientras nos adentramos cada vez más en el corazón de Bwindi, el olor de los árboles y los arbustos impregnan y los sonidos del bosque resuenan. El sudor es refrescado con el clima fresco y la humedad que impera en esta montaña nublada.

David y el equipo se detienen de repente.

“Mira, este es un nido de gorila. Estuvieron recientemente aquí,” dice con emoción David. “Ves este excremento fresco? Es de un gorila adulto.”

Estamos por buen camino.

“Ya estamos cerca de los Mubares, así que a partir de ahora sólo continuamos tú, el guarda bosques y yo,” indica David.

Pocos metros después, bajo la sombra del tupido bosque, nos encontramos con Ruhondeza, el espalda plateada de los Mubare, el líder indiscutible y protector del grupo. Escondido entre arbustos, Ruhondeza está profundamente dormido, haciendo honor a su nombre que quiere decir “el que duerme mucho”. Al escuchar nuestros movimientos, abre sutilmente los ojos y al vernos vuelve a su siesta sin ser perturbado.

No lejos de Ruhondeza, un inquieto gorila adulto llamado Kanyonyi se pelea con un árbol al que parece decidido dejar sin hojas. Ignora nuestra presencia mientras devora su comida. A pesar de su contextura robusta y musculares brazos, los gorilas de montaña son herbívoros. Los gorilas adultos -o los espaldas negras como también son conocidos- pueden consumir hasta 34 kilogramos de vegetación al día.

David hace un sonido ronco con la garganta, tratando de conseguir la atención de Kanyonyi quien brevemente lo mira para luego volver al idilio con su almuerzo. Se han reconocido veinticinco distintas vocalizaciones en los gorilas que les permiten comunicarse entre ellos y alertar al grupo ante algún peligro. Me toca el turno a mí de saludar a Kanyonyi, pero al parecer mi sonido de gorila no es lo suficiente convincente y seguimos en la búsqueda del resto de los miembros de la familia Mubare.

En medio de ramas y en la oscuridad del viscoso bosque, una gorila llamada Kashundwe protege a su pequeño bebé de tan sólo un mes de nacido. Del mismo tamaño y con la misma vulnerabilidad de un infante humano, el diminuto gorila extiende sus bracitos al aire y escode su cabeza en la peluda barriga de su madre en busca de calor. Los ojos de Kashundwe no se apartan de su pequeño, al que mira con una ternura y un amor maternal similar a la de una mujer con su hijo recién nacido.

De repente, en medio de los arbustos sale abruptamente Muyambi, un espalda negra, y se acerca rápidamente a mí con curiosidad. Con menos de un metro de distancia entre nosotros, me encuentro cara a cara con el gorila y recuerdo la regla de los siete metros de la que hablaba el guarda bosques. Sin embargo, en ese momento me queda claro que los gorilas no conocen de las normas humanas. Este es su hogar y son libres de hacer lo que les plazca. Nosotros sólo somos visitantes. Un movimiento brusco o correr puede alarmarlo y ser muy peligroso. Mientras Muyambi trata de descifrar con el olfato qué soy, pretendo ser gorila, rascándome la cabeza y la costilla con una actitud sumisa. La curiosidad en sus ojos se torna en una especie de ternura. Ya relajado, Muyambi se recuesta en un árbol cercano, y comienza a limpiar su largo y grueso pelaje negro. Los gorilas de montaña son la raza de gorilas más peluda del mundo precisamente para protegerlos del clima frío y la altitud de las montañas nubladas.

Mas allá de su imponente físico, lo que más sorprenden de los gorilas es cuan similares son a los humanos.

Mientras Muyambi descasa bajo la sombra de un árbol, Ruhondeza pasa cerca de nosotros dejando ver su espalda plateada y su regio tamaño. Un gorila erguido puede alcanzar los 1.8 metros de altura y pesar más de 200 kilogramos. Ante la presencia de Ruhondeza, Muyambi y Kanyonyi siguen a su líder.

“Una hora. Ya tenemos que despedirnos de los Mubares,” dice David.

La duración de la visita a los gorilas en Bwindi está limitada a una hora para no causarles estrés, perturbar su rutina o su reproducción.

El camino de regreso a la entrada del parque es igual de complicada que la subida a la montaña de este bosque impenetrable. Sin embargo, ver a los gorilas libres en su habitad, compartir con ellos y tener la oportunidad de entender de primera mano lo que hace de esta mística criatura un animal tan especial, bien vale la pena cualquier esfuerzo. No cabe duda que en el gorila de montaña sigue siendo el Rey indiscutible de estas tierras.

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